"¿Cómo me voy? Me voy con diálogo"

Entrevista a Nico del Ateneu del Raval

Ahora en retrospectiva, ¿cómo fue empezar el proyecto del Ateneu en 2015, cómo recuerdas la experiencia de los inicios del proyecto?

La experiencia del principio del proyecto fue muy interesante porque lo que hicimos fue rehabilitar un espacio físico con memoria, que es esta casa fábrica, patrimonio arquitectónico de Cataluña, que ha estado vinculado a una historia muy potente tanto industrial como cultural, y que es al mismo tiempo un espacio hermoso que además estuvo desocupado durante cinco años. Tuvimos que rehabilitarlo, limpiarlo, y también volver a habitarlo, porque era un espacio abandonado. Y para eso lo que hicimos fue salir hacia fuera, hacia el barrio, no necesariamente esperar a que viniera la gente sino que también salimos a buscar a las personas, a las comunidades, etc.

Lo que nos pasó mucho es que mostrábamos el espacio a las personas y nos decían: “Mira, muy bonito, pero mucho curro tienen por delante”. Y eso fue el principio, teníamos mucho que hacer, mucho que limpiar, cambiar ventanas, tratar las paredes… Fue una etapa de mucho trabajo físico, pero fue una época muy interesante también, bonita, llena de actividad, de abrir un espacio hermoso pero deteriorado.

Y con el edificio rehabilitado, cómo empieza a andar a nivel cultural, comunitario...

Nosotros siempre hemos tenido una perspectiva de articular un proyecto que se construya de forma orgánica, esa ha sido nuestra línea. A pesar de que teníamos ciertos referentes, cuando tú quieres empezar un proyecto como un centro cultural comunitario si vas a los libros no te sirve mucho, porque en ninguna bibliografía aparece que tienes que limpiar el espacio. Todo lo que es lo orgánico de un proyecto eso ya tiene que ver con el día a día y la manera cómo se enfoca en tratar de generar participación, abrir el espacio.

Lo orgánico para nosotros ha sido muy importante y creo que una de las características interesantes del Ateneu es esa, que es un espacio que sigue siendo un espacio abierto. Siempre que viene alguien con una propuesta nosotros tratamos de abrir esos espacios para que esas personas puedan realizar esas propuestas. Así se han generado muchísimos proyectos y muy distintos, ya sean de salud comunitaria u otros más sociales de asociaciones, colectivas, colectivos... Lo orgánico requiere siempre una cierta flexibilidad institucional. Las instituciones que son muy rígidas, que tienen objetivos y que se hacen cronogramas anuales y que son fijos, son instituciones que están un poco cerradas.

Creo que una de las aportaciones interesantes del Ateneu del Raval al barrio es que no trabajáis solamente de puertas para adentro, que el Ateneu está fuera del Ateneu también. ¿Cuáles han sido vuestras experiencias en relación a esto?

Las experiencias fuera del Ateneu han sido muy importantes. Como anécdota puedo decir que nosotros siempre supimos que era necesario salir del Ateneu por una razón política, cómo uno ve la forma de generar comunidad, y porque era importante generar vínculos. Entonces cuando llegamos lo primero que hicimos fue enviar una carta a los vecinos que estaban alrededor del Ateneu para hacer un pica-pica un sábado a las dos... y no vino nadie. Pero está bien, porque eso te habla de la dificultad que tiene eso, que no es llegar, invitar a la gente y eso va a funcionar. Hay muchas cosas que son complejas y está bien, la gente tiene libertad y derecho a hacer lo que quiera y participar de la forma que quiera.

Entonces nosotros también nos enfocamos más en los colectivos y las comunidades. De esta manera vemos este proyecto como algo que está dentro y fuera al mismo tiempo. Obviamente uno no puede participar en todo lo que pasa, pero sí tratamos de participar en muchas cosas. No solo porque participar es una forma de construir comunidad sino también porque uno aprende mucho participando de lo que hacen otros colectivos. Y al final, fortalecer el tejido social, que es uno de los objetivos de este proyecto y muchos otros, demanda esa acción de salir y de acoger también. Es un proyecto hospitalario, es un espacio seguro, eso lo tenemos que cuidar mucho. Salir afuera y participar de distintas cosas ya sea con entidades, colectivos de vecinos, tratamos de estar siempre ahí aportando en lo que podamos.

Por ejemplo estuvimos bastante presentes en los orígenes de la Xarxa Veïnal, organizamos con ellos el dia del migrante, por ejemplo, que es un evento que hemos estado apoyando los dos últimos años que se ha vuelto a organizar, también eventos como la jornada de apoyo al Sindicato Mantero, o a lo que era antes la Tancada migrante. Son acciones en las que participan vecinos y vecinas del barrio y entidades del Raval. Ahí hay algo interesante porque creemos que es importante que los colectivos, las colectivas se abran a recibir apoyo de los vecinos y vecinas, porque hay muchas personas que están muy interesadas en hacer ese tipo de acciones. Otra de las cosas importantes donde hemos estado muy presentes ha sido el colectivo Jardins de Sant Pau, que apoya a los jóvenes extutelados y se reúne periódicamente en los Jardins de Sant Pau. Es un proyecto muy cercano al Ateneu y muy importante para nosotros.

Tú qué has vivido iniciativas que tejen puentes entre proyectos, ¿cuál es tú opinión general sobre iniciativas comunitarias del barrio? ¿Qué aportan realmente y qué límites tienen?

Los proyectos comunitarios en el Raval son muchos y diferentes. Hay proyectos que son más asistencialistas que otros, los hay que están más orientados hacia la cultura, otros hacia aspectos más sociales. Lo que nosotros podemos decir es que hay una complejidad muy grande que no es bueno intentar definirla, pero sí es cierto que el aporte de los proyectos comunitarios es enorme, es algo que caracteriza al barrio. El Raval se caracteriza por la acción comunitaria y por la fuerza que tiene de todos los colectivos, colectivas, asociaciones y entidades que están siempre organizadas, organizándose y aprendiendo. Porque también hay una fuerte exigencia que cada vez está más clara en ciertos temas: se aprecia mucho la interseccionalidad, ya no basta con ser especialista en migración pero estar débil en feminismo, por ejemplo. Uno siente las exigencias que tiene el barrio y la comunidad respecto a ciertas temáticas y eso está muy bien y es muy interesante.

El aporte de los proyectos comunitarios creo que es un aporte a la vida, a la belleza y también a la justicia, al sentido de vivir en comunidad en un espacio urbano, que es muy difícil porque esta ciudad está lejos de ser la ciudad turística, ideal y rica que aparenta. Es una ciudad que tiene muchas carencias: los servicios públicos, las administraciones, hay mucha pobreza, marginalidad, abuso, racismo institucional... Hay muchas problemáticas que no obedecen solo a esta ciudad, pero sí hay algo característico del barrio que tiene que ver con la forma de enfrentarse a esto. Eso tiene que ver con una historia muy larga que se nota, de años y años. Lo que uno percibe inmediatamente cuando entra en un espacio como el Raval es esa historia y también ese aprendizaje. Se ve muy bien cómo las personas tienen incorporadas ciertas cosas como juntarse como luchar, organizarse frente a los desahucios, el racismo, el hambre, la gentrificación… Hay muchos problemas que son problemas típicos de las ciudades pero que en este espacio las acciones comunitarias que se enfrentan a esos problemas también.

¿Y el mundo de las subvenciones?

El tema de las subvenciones es complejo. Por un lado son ayudas económicas que son difíciles de rechazar, pero al mismo tiempo son subvenciones que no son completas (las del Ayuntamiento), y son bastante exigentes. Yo lo que no creo es que se puedan generar políticas comunitarias o acciones comunitarias solamente a partir de subvenciones. Son proyectos que hay que diseñar, planificar, etc. y las comunidades no son así, son más orgánicas, están aprendiendo, están defendiéndose. Aunque muchos colectivos y colectivas las requieren para poder generar ciertas acciones, las subvenciones no son el todo de las acciones comunitarias.

¿Cómo llegaste al barrio y cómo te vas?

Yo al barrio llego por invitación de Felipe y llego con mucha energía, muchas ganas. Compartíamos una visión muy cercana de generar un proyecto que aportara algo en un barrio que permite que eso se desarrolle. El desafío era cómo generar un proyecto en un espacio que es alquilado, no es okupado, lo cual ya te posiciona políticamente desde otro lugar, porque cuando tienes que alquilar un espacio también tienes que ceder a ciertas cosas y tienes que buscar ese dinero. Entonces llegué con mucha energía para solucionar esa temática: cómo poder hacer un proyecto comunitario aportando desde un espacio alquilado, que no era fácil.

¿Cómo me voy? Me voy con diálogo. Creo que siempre estamos dialogando con los espacios, con las personas, con los proyectos cuando uno conoce algo que le hace aprender. Yo he aprendido mucho de los colectivos, de toda la diversidad de formas que hay ahí y de todas las personas, que tienen una gran sabiduría, inteligencia, porque aquí hay mucha mucha inteligencia. Me voy contento y no me voy. No me voy en el sentido que sigo dialogando, voy a seguir dialogando y ese diálogo es importante para mí interiorizarlo.

Qué esperas de esta nueva etapa?

Esa pregunta me incomoda un poco porque es muy individual y yo acá formo parte de un proyecto, soy Nico Ateneu del Raval. No te puedo responder eso.